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domingo, junio 29, 2003

Crisis en la Comunidad de Madrid

Uno de los aspectos más interesantes de la actual crisis político-institucional en la Comunidad de Madrid es, sin duda, comprobar que existe vida “parlamentariamente hablando” más allá de la carrera de San Jerónimo. De hecho, las televisiones nos muestran con reiterada insistencia imágenes de un hemiciclo, denominado Asamblea de Madrid, que estaría situado al sur de la ciudad, concretamente en el distrito Puente de Vallecas. Este edificio, según se aprecia, goza de una excelente iluminación natural y de magníficas instalaciones para desarrollar la actividad parlamentaria ¿en la Comunidad de Madrid?

Bromas aparte, en mi opinión la circunstancia más relevante de esta crisis es que tanto las intervenciones extraparlamentarias como los debates de investidura de Rafael Simancas han proporcionado excelentes ocasiones a los políticos involucrados para trasladar su perfil político a la sociedad. Esta afirmación, que en principio podría parecer chocante, máxime teniendo en cuenta que se acaban de celebrar elecciones, tiene su explicación, en mi opinión, en el hecho de que en las elecciones del 25/05/03 los votos denominados “progresistas” fueron a los partidos correspondientes (PSOE e IU), con independencia de las personas que encabezaban las listas electorales respectivas.

Las razones son variadas, pero la que más me interesa resaltar aquí es la de ausencia de “currículum mediático” de los dos candidatos presentados por la izquierda: Rafael Simancas (por el PSOE) y Fausto Fernández (por IU); este déficit de currículum mediático, en realidad, es el que subyace a la exigua victoria electoral de los partidos de izquierda frente a Esperanza Aguirre (nótese que aquí digo la persona y no el partido).

La idea del "currículum mediático" es simple y no es más que la aplicación al ámbito de la política de un principio ya conocido en el mundo de la publicidad: la medición del número impactos necesarios para que el espectador empiece a digerir el mensaje publicitario, esto es, en qué momento el futuro consumidor empezará siquiera a escuchar y evaluar lo que se le está proponiendo.

Extrapolado al campo de la política este principio hace referencia al tiempo que un partido político necesita para presentar y consolidar la imagen de una persona que encabeza una lista electoral. Este tránsito, obviamente, no fue necesario en el caso del Partido Popular, puesto que recurrió a una persona sobradamente conocida y querida por los medios (ex concejal, ex ministra, ex presidente del Senado…), refiriéndome con ello a la facilidad que tienen las personas con un currículum mediático adecuado para hacer llegar sus mensajes por esta vía. Ello se podría resumir en una especie de círculo virtuoso que actuaría del siguiente modo: los espectadores/consumidores de política prestan atención al mensaje porque reconocen al político en cuestión como un interlocutor válido para emitir estos mensajes; los medios, a su vez, centran su atención en la persona en cuestión porque saben que los espectadores/consumidores no van a cambiar de canal o frecuencia cuando difundan sus mensajes; en última instancia, el político es un interlocutor válido porque tiene la oportunidad de dirigirse a los medios con asiduidad.

Lo anterior se manifiesta con absoluta crudeza en el caso de Rafael Simancas. En términos mediáticos emergió de la nada hace dos años cuando fue elegido secretario general de la FSM (y en las condiciones que ahora empezamos a conocer). Desde ese momento intentó mantener una presencia mediática constante a base de opinar, sin demasiado criterio en cuanto a la frecuencia e intensidad de su mensaje, sobre todas las cuestiones políticas que pudieran afectar a la Comunidad de Madrid (desde el maltrato de las mujeres al Metrosur, pasando por la visita del Papa). El balance global puede calificarse de pobre: un mes antes de las elecciones la mayoría de las personas identificaban su persona como una especie de “cascarrabias” catastrofista al que no serían capaces de poner cara. La campaña electoral no mejoró esta situación, dado que a su particular déficit mediático de origen se unió el eclipsamiento provocado por la candidata de su partido al ayuntamiento de Madrid y por la mayor importancia concedida por los dos partidos mayoritarios a estas elecciones frente a las autonómicas (la “chica” de Zapatero frente al enfant terrible del Partido Popular).

Aunque a pesar de todo, de no haber estallado el affaire Tamayo, Simancas podría estar ya gobernado la Comunidad (eso sí, con el costoso peaje de la participación de IU), la conclusión más importante a futuro es que sus posibilidades de revalidar el resultado electoral del 25 de mayo dependen fundamentalmente de su proyección de imagen en los medios desde que empezó la actual crisis institucional hasta el momento que se celebren nuevas elecciones (aproximadamente, hacia el mes de octubre). El impacto causado hasta la fecha en su mercado de votantes es ambiguo: de momento ha conseguido separar su imagen de la del partido (no es ya una mera cabeza parlante intercambiable), consiguiendo en consecuencia ser escuchado, a pesar de que a veces adolezca de un discurso poco atrayente. Ha conseguido, pues, pasar el primer test, esto es, entrar en el círculo virtuoso que describía anteriormente (paradójicamente, la situación planteada le ha deparado ocasiones para cubrir con una gran rapidez el preocupante déficit mediático que arrastraba).

Lo anterior no obstante y hasta el momento de celebración de elecciones la gran pregunta es: ¿será capaz de mantener o incluso acrecentar este perfil mediático? y lo más importante ¿será capaz de convencer a sus electores de que deben votar por él nuevamente (aunque en realidad, por primera vez)? En realidad, la respuesta afirmativa a la primera pregunta implica, casi con seguridad, la correlativa en la segunda.

Madrid, 28 de junio de 2003


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