miércoles, marzo 03, 2004
Diario de un urbanita
No puedo evitarlo. Me irritan profundamente las personas "prácticas"...esas que todo lo arreglan con refranes y frases hechas del tipo "...no hay que complicarse la vida...", "...lo que tenga que ser será...", o incluso mejor "...le das demasiadas vueltas a las cosas..." Suele coincidir con personas cuya trayectoria vital no se mueve un ápice del camino trazado por sus padres y su entorno social. Sus opiniones son harto previsibles y su capacidad de replanteamiento de los usos y normas establecidas simplemente nula.
Además, todo lo solucionan con una visión materialista de la existencia, que se resume en que "todo el mundo arrima el ascua a su sardina". Desechan de antemano cualquier viso de idealismo u honestidad en el prójimo, manifestando con tono del que "a uno no se la dan con queso" cuando éste desaparece de su vista que "algo raro está tramando éste".
Su realidad es una realidad mezquina y sórdida en la que sólo hay cabida para el trapicheo y el comercio en general ("do ut des" es su lema fundamental). En general, nunca están satisfechos y siempre están refunfuñando. Mucho podría decirse de este género rebaño que tanto abunda en la especie humana, pero nadie como Anthony Powell, por boca de su alter ego Nicholas Jenkins (el protagonista, por llamarlo de alguna manera, de "Una Danza para la música del tiempo") para resumir el estado de ánimo que invade a los que tratan de rebelarse contra esta visión "realista" del mundo:
"...Hay mucho que decir en favor de las personas que trafican en esta materia, a condición de que se tenga siempre presente que las llamadas realidades sólo ofrecen, por regla general, una pequeña parte del cuadro..."
("Una danza para la música del tiempo: Otoño").
No puedo evitarlo. Me irritan profundamente las personas "prácticas"...esas que todo lo arreglan con refranes y frases hechas del tipo "...no hay que complicarse la vida...", "...lo que tenga que ser será...", o incluso mejor "...le das demasiadas vueltas a las cosas..." Suele coincidir con personas cuya trayectoria vital no se mueve un ápice del camino trazado por sus padres y su entorno social. Sus opiniones son harto previsibles y su capacidad de replanteamiento de los usos y normas establecidas simplemente nula.
Además, todo lo solucionan con una visión materialista de la existencia, que se resume en que "todo el mundo arrima el ascua a su sardina". Desechan de antemano cualquier viso de idealismo u honestidad en el prójimo, manifestando con tono del que "a uno no se la dan con queso" cuando éste desaparece de su vista que "algo raro está tramando éste".
Su realidad es una realidad mezquina y sórdida en la que sólo hay cabida para el trapicheo y el comercio en general ("do ut des" es su lema fundamental). En general, nunca están satisfechos y siempre están refunfuñando. Mucho podría decirse de este género rebaño que tanto abunda en la especie humana, pero nadie como Anthony Powell, por boca de su alter ego Nicholas Jenkins (el protagonista, por llamarlo de alguna manera, de "Una Danza para la música del tiempo") para resumir el estado de ánimo que invade a los que tratan de rebelarse contra esta visión "realista" del mundo:
"...Hay mucho que decir en favor de las personas que trafican en esta materia, a condición de que se tenga siempre presente que las llamadas realidades sólo ofrecen, por regla general, una pequeña parte del cuadro..."
("Una danza para la música del tiempo: Otoño").