domingo, mayo 23, 2004
Los consejos de Rydberg
La publicación escalonada y aleatoria de los relatos del inspector Kurt Wallander (ideado por el autor sueco Henning Mankell) nos está deparando momentos inolvidables a los lectores españoles.
Si bien es cierto que partimos de una cumbre como "La quinta mujer" (Tusquets, 1995) ello no nos ha impedido gozar con renovada ilusión de los siguientes títulos publicados ("Asesinos sin rostro" -1997-, "La falsa pista" -1998- etc.) porque cada uno nos ha servido para reconstruir, hacia atrás y como en un rompecabezas, los acontecimientos personales y profesionales que conformaron el Wallander que nos atrapó en el primer libro.
Uno de los más singulares es "Los perros de Riga" (2003). Posterior a "Asesinos sin rostro" pertenece con ésta a las novelas de la de serie con más "telón de fondo". Si en en esta última era la Suecia emergente de la criminalidad y de la corrupción nacida del fin de la era de la sociedad del bienestar, en esta segunda esta visión se superpone a la descarnada mirada sobre los países del Este (en este caso, Letonia) en pleno proceso de emancipación de la URSS. El fresco descrito es fascinante y absolutamente premonitorio de la evolución posterior de estos países.
Lo que más me interesa destacar, no obstante, es la presencia constante y continua en el relato de Rydberg, el viejo policía al que vimos morir en la novela anterior, maestro y modelo de Wallander, cuyo permanente aliento resulta decisivo para que éste pueda salir indemne del caso más difícil de su vida. En este sentido:
- "Vuelve al punto de partida", le habría aconsejado Rydberg. "Olvida las lagunas y las vaguedades. Empieza por lo que sabes seguro".
- "Busca las conexiones incluso donde creas que no las hay", solía decir Rydberg.
- Pensó en las palabras que Rydberg pronunció una vez, que a veces un policía debe ser como un actor, que tiene que afrontar lo desconocido con arrojo; meterse en la piel del criminal o de la víctima e imaginarse los pensamientos y los patrones de conducta.
- Muchos años antes, Rydberg le había enseñado a coger al vuelo cualquier sensación que tuviera de que un dato revelador estaba ante él,pero que, por la proximidad, era incapaz de ver.
- Wallander no sabía cómo empezar, ni qué decir, y optó por lo que Rydberg tantas veces le había aconsejado: ¡Di la verdad, eso nunca va a empeorar las cosas, así que di la verdad!
- Como un destello, le vino a la memoria lo que Rydberg le dijo en una ocasión: "Siempre hay que decidir si es conveniente ser el primero o el último en llegar al lugar de encuentro".
La publicación escalonada y aleatoria de los relatos del inspector Kurt Wallander (ideado por el autor sueco Henning Mankell) nos está deparando momentos inolvidables a los lectores españoles.
Si bien es cierto que partimos de una cumbre como "La quinta mujer" (Tusquets, 1995) ello no nos ha impedido gozar con renovada ilusión de los siguientes títulos publicados ("Asesinos sin rostro" -1997-, "La falsa pista" -1998- etc.) porque cada uno nos ha servido para reconstruir, hacia atrás y como en un rompecabezas, los acontecimientos personales y profesionales que conformaron el Wallander que nos atrapó en el primer libro.
Uno de los más singulares es "Los perros de Riga" (2003). Posterior a "Asesinos sin rostro" pertenece con ésta a las novelas de la de serie con más "telón de fondo". Si en en esta última era la Suecia emergente de la criminalidad y de la corrupción nacida del fin de la era de la sociedad del bienestar, en esta segunda esta visión se superpone a la descarnada mirada sobre los países del Este (en este caso, Letonia) en pleno proceso de emancipación de la URSS. El fresco descrito es fascinante y absolutamente premonitorio de la evolución posterior de estos países.
Lo que más me interesa destacar, no obstante, es la presencia constante y continua en el relato de Rydberg, el viejo policía al que vimos morir en la novela anterior, maestro y modelo de Wallander, cuyo permanente aliento resulta decisivo para que éste pueda salir indemne del caso más difícil de su vida. En este sentido:
- "Vuelve al punto de partida", le habría aconsejado Rydberg. "Olvida las lagunas y las vaguedades. Empieza por lo que sabes seguro".
- "Busca las conexiones incluso donde creas que no las hay", solía decir Rydberg.
- Pensó en las palabras que Rydberg pronunció una vez, que a veces un policía debe ser como un actor, que tiene que afrontar lo desconocido con arrojo; meterse en la piel del criminal o de la víctima e imaginarse los pensamientos y los patrones de conducta.
- Muchos años antes, Rydberg le había enseñado a coger al vuelo cualquier sensación que tuviera de que un dato revelador estaba ante él,pero que, por la proximidad, era incapaz de ver.
- Wallander no sabía cómo empezar, ni qué decir, y optó por lo que Rydberg tantas veces le había aconsejado: ¡Di la verdad, eso nunca va a empeorar las cosas, así que di la verdad!
- Como un destello, le vino a la memoria lo que Rydberg le dijo en una ocasión: "Siempre hay que decidir si es conveniente ser el primero o el último en llegar al lugar de encuentro".