domingo, febrero 26, 2006
La vida secreta de las palabras
Nuevo tour de force de Isabel Coixet, de rotundo éxito de crítica y público, quien película tras película ha conseguido pasar sucesivamente del las minorías selectas, a las minorías mayoritarias y, finalmente, al público ilustrado de las grandes ciudades (en otras palabras, el que va a ver el cine español de autor).
El éxito es, sin duda, merecido. Isabel Coixet es poseedora de un mundo interior intransferible, que sólo ella puede contar y poner en imágenes. Adentrarse en sus películas (excluyendo la fallida "A los que aman") es adentrarse en otra dimensión del tiempo y del espacio, por más que la historia en concreto se desarrolle en nuestros días, que nos cautivan tanto por su aparente despojamiento formal como por el calado interior de sus protagonistas.
En mi opinión su obra maestra sigue siendo "Cosas que nunca te dije", algo así como un cuadro de Edward Hopper en movimiento, con guión de Raymond Carver. Los protagonistas son solitarios icebergs a la deriva que chocan una y otra vez sin poder deshacerse de la corriente de la vida que los domina y reduce al mismo tiempo...
En lo que se refiere a "La vida secreta..." sus influencia visuales son muy evidentes: tanto la fábrica donde trabaja la protagonista como la plataforma petrolífera del Mar del Norte -los dos principales escenarios de la acción en la película- parecen haber sido trasplantados directamente de "Sola en las oscuridad" y "Rompiendo las olas", del director danés Lars von Trier. La similitud se extiende a prácticamente todos los elementos formales y estéticos de la película con el fin de crear un efecto de realismo y verosimilitud imprescindible para la credibilidad de la historia en su conjunto (fotografía plomiza, en tonos próximos al blanco y negro, abundancia de primeros planos y ausencia de música que realce las escenas, salvo dos o tres temas musicales que hacen de transición en la película, acompañando a escenas encadenadas).
La historia, básicamente, trata de una mujer -magnífica Sarah Polley- todavía joven, procedente de un país del este, que trabaja como obrera en una cadena de montaje de una fábrica (¿en Escocia?). Desde el primer momento conocemos que ha venido trabajando cuatro años inninterrupidamente y que ello ha motivado las quejas de sus compañeros de trabajo. La emprese le obliga a tomar vacaciones, pero nada más llegar al destino elegido se le presentará la oportunidad de ocupar un puesto temporal de enfermera en una planta petrolífera del Mar del Norte para atender a un hombre que ha sufrido graves quemaduras tras tratar de ayudar sin éxito a un compañero durante an incendio provocado por una fuga de gas del subsuelo.
La mujer esconde un terrible secreto en su pasado (el cual por supuesto no desvelaré aquí) que le hace llevar una existencia alejada del trato con sus semejantes. Dicha muralla, no obstante, se levantará, por pocos y contados instantes, en el trato con su paciente (Tim Robbins: bien, correcto), cuyas quemaduras le han hecho perder la visión transitoriamente, pero no la lucidez para darse cuenta de que, como él, se encuentra también ante un ser humano profundamente mutilado en su interior.
Hay más cosas, evidentemente, todas ellas imprescindibles para contextualizar la hipnótica realidad de la plataforma petrolífera: esencialmente el resto de escasos y solitarios personajes que la habitan, todos ellos "islotes" que se relacionan de tarde en tarde entre sí, en la estela de su cine anterior ("Cosas..", "Mi vida sin mí") y que irán aportando a la protagonista claves del drama experimentado por su paciente, no sólo durante sino antes del accidente, debido a su relación extraconyugal con la mujer del fallecido.
Lo mejor de la película es sin duda su protagonista. Sarah Polley hace un papel contenido -capaz de ofrecer matices con mínimos gestos- de una mujer que es un simulacro de ser humano, a quien la tragedia y la sinrazón humana le ha despojado prácticamente la vida y que, muy de tarde en tarde, emite leves destellos de humanidad.
En este sentido el guión es inmejorable y su protagonista se ha fundido de manera admirable con él, pues desde el primer momento sabemos que algo terrible le ha sucedido y ese algo es la causa de haberle convertido en la (no) persona que se nos muestra. La resolución es impactante y es como un torpedo en la línea de flotación de nuestras bienpensantes conciencias (y más concreto europeas). Es una bofetada que nos sonroja y abochorna, puesto que sabemos que fuimos cómplices: estuvo en nuestra mano evitarlo y no lo hicimos por mezquindad y falta de coraje.
En resumen, una película áltamente recomendable, que hay que visualizar sin apresuramiento y con una predisposición adecuada, todo lo que se nos cuenta tiene su sentido y lo único que puedo decir es que es como si fuera un veneno aparentemente inocuo con un efecto retardado letal.
Nuevo tour de force de Isabel Coixet, de rotundo éxito de crítica y público, quien película tras película ha conseguido pasar sucesivamente del las minorías selectas, a las minorías mayoritarias y, finalmente, al público ilustrado de las grandes ciudades (en otras palabras, el que va a ver el cine español de autor).
El éxito es, sin duda, merecido. Isabel Coixet es poseedora de un mundo interior intransferible, que sólo ella puede contar y poner en imágenes. Adentrarse en sus películas (excluyendo la fallida "A los que aman") es adentrarse en otra dimensión del tiempo y del espacio, por más que la historia en concreto se desarrolle en nuestros días, que nos cautivan tanto por su aparente despojamiento formal como por el calado interior de sus protagonistas.
En mi opinión su obra maestra sigue siendo "Cosas que nunca te dije", algo así como un cuadro de Edward Hopper en movimiento, con guión de Raymond Carver. Los protagonistas son solitarios icebergs a la deriva que chocan una y otra vez sin poder deshacerse de la corriente de la vida que los domina y reduce al mismo tiempo...
En lo que se refiere a "La vida secreta..." sus influencia visuales son muy evidentes: tanto la fábrica donde trabaja la protagonista como la plataforma petrolífera del Mar del Norte -los dos principales escenarios de la acción en la película- parecen haber sido trasplantados directamente de "Sola en las oscuridad" y "Rompiendo las olas", del director danés Lars von Trier. La similitud se extiende a prácticamente todos los elementos formales y estéticos de la película con el fin de crear un efecto de realismo y verosimilitud imprescindible para la credibilidad de la historia en su conjunto (fotografía plomiza, en tonos próximos al blanco y negro, abundancia de primeros planos y ausencia de música que realce las escenas, salvo dos o tres temas musicales que hacen de transición en la película, acompañando a escenas encadenadas).
La historia, básicamente, trata de una mujer -magnífica Sarah Polley- todavía joven, procedente de un país del este, que trabaja como obrera en una cadena de montaje de una fábrica (¿en Escocia?). Desde el primer momento conocemos que ha venido trabajando cuatro años inninterrupidamente y que ello ha motivado las quejas de sus compañeros de trabajo. La emprese le obliga a tomar vacaciones, pero nada más llegar al destino elegido se le presentará la oportunidad de ocupar un puesto temporal de enfermera en una planta petrolífera del Mar del Norte para atender a un hombre que ha sufrido graves quemaduras tras tratar de ayudar sin éxito a un compañero durante an incendio provocado por una fuga de gas del subsuelo.
La mujer esconde un terrible secreto en su pasado (el cual por supuesto no desvelaré aquí) que le hace llevar una existencia alejada del trato con sus semejantes. Dicha muralla, no obstante, se levantará, por pocos y contados instantes, en el trato con su paciente (Tim Robbins: bien, correcto), cuyas quemaduras le han hecho perder la visión transitoriamente, pero no la lucidez para darse cuenta de que, como él, se encuentra también ante un ser humano profundamente mutilado en su interior.
Hay más cosas, evidentemente, todas ellas imprescindibles para contextualizar la hipnótica realidad de la plataforma petrolífera: esencialmente el resto de escasos y solitarios personajes que la habitan, todos ellos "islotes" que se relacionan de tarde en tarde entre sí, en la estela de su cine anterior ("Cosas..", "Mi vida sin mí") y que irán aportando a la protagonista claves del drama experimentado por su paciente, no sólo durante sino antes del accidente, debido a su relación extraconyugal con la mujer del fallecido.
Lo mejor de la película es sin duda su protagonista. Sarah Polley hace un papel contenido -capaz de ofrecer matices con mínimos gestos- de una mujer que es un simulacro de ser humano, a quien la tragedia y la sinrazón humana le ha despojado prácticamente la vida y que, muy de tarde en tarde, emite leves destellos de humanidad.
En este sentido el guión es inmejorable y su protagonista se ha fundido de manera admirable con él, pues desde el primer momento sabemos que algo terrible le ha sucedido y ese algo es la causa de haberle convertido en la (no) persona que se nos muestra. La resolución es impactante y es como un torpedo en la línea de flotación de nuestras bienpensantes conciencias (y más concreto europeas). Es una bofetada que nos sonroja y abochorna, puesto que sabemos que fuimos cómplices: estuvo en nuestra mano evitarlo y no lo hicimos por mezquindad y falta de coraje.
En resumen, una película áltamente recomendable, que hay que visualizar sin apresuramiento y con una predisposición adecuada, todo lo que se nos cuenta tiene su sentido y lo único que puedo decir es que es como si fuera un veneno aparentemente inocuo con un efecto retardado letal.