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jueves, marzo 30, 2006

Diario de un urbanita (agotado, tras el cambio de hora)

Una vez mi madre me comentó que había años de su vida sobre los que simplemente no podía recordar nada. Me resultó difícil de creer. Hasta ahora, claro.

En otra ocasión mi hermano me dijo que, al igual que yo presuponía la buena fe en las personas nada más conocerlas, otras muchas personas hacen exactamente lo contrario, es decir, presuponen de entrada la mala fe, sin perjuicio de que unos y otros tengan que cambiar de opinión con el curso de los acontecimientos.

También, hace ya unos cuantos años me resulta increible recordar que incluso cuando llegaban las vacaciones después de trabajar todo un año de corrido estaba fresco como una lechuga y cuando volvía estaba lleno de energía e ilusión. ¿Qué se hizo de todo aquéllo?

De niño, adolescente y joven universitario pensaba que mi vida futura sería tener un trabajo y tiempo libre, alternativa y sucesivamente, como el día y la noche o sendos compartimentos estancos. Da igual lo que tus padres o tu familia te digan, en el fondo no te lo vas a creer o ni siquiera eres capaz de imaginar lo que te espera; te embarcarás en un carrera de fondo con pequeñas etapas para simplemente recuperar el aliento, con el tiempo, cada vez te encontrarás más y más cansado y no importa lo mucho que te guste correr, simplemente acabarás saturado de dedicarte siempre a lo mismo, día tras día, hasta que caigas agotado y te eximan de seguir corriendo.

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