jueves, abril 27, 2006
Diario de un urbanita
Cuando conocemos la muerte de alguien en su edad madura (treinta y muchos a cincuenta y muchos) sentimos una desazón y un malestar que, no siendo comparable a la tragedia de una vida segada en la juventud, no podemos expresar claramente. En el fondo, si reflexionamos lo que subyace es el sentido último de nuestras vidas. Pensamos en esa persona y sus esfuerzos para abrirse camino en la vida y labrarse un bienestar. Pensamos en nosotros mismos y cómo nos sentiríamos un segundo antes de desaparecer; en el sinsentido de vivir una vida que le ha faltado un episodio trascendental; pararse en la atalaya de los días y poder mirar hacia atrás, simplemente poder mirar hacia atrás y nada más.
Llevo unos días mandando a incautos caminantes y conductores a destino incierto. He tenido la mala suerte de ser inquirido bajo la presunción de ser urbanita versado en calles y direcciones, pero mi vanidad y torpeza mental me ha impedido reconocer mi ignorancia. De forma temeraria he facilitado instrucciones inexistentes, haciendo perder un tiempo precioso a los forasteros afectados, amen de traicionar la reputación de otros urbanitas. Confieso que he pecado al mismo tiempo de soberbia y estupidez.
Citas, aforismos, sentencias y otros saberes inútiles
Conocerse a uno mismo está bien e incluso es saludable, pero este ejercicio no lleva, al contrario de lo que se suele pensar, a ampliar la "frontera" de posibilidades vitales. En efecto, más bien las restringe. A partir de cierta edad cambiar es prácticamente imposible y es mejor reconocer que uno sólo puede aspirar a "pulir" sus propias aristas. No merece pues la pena autofustigarse, porque el efecto positivo del autoconocimiento puede convertirse en amarga sensación de frustración y fracaso. No hacer daño innecesario a los demás, eso es lo importante.
Cuando conocemos la muerte de alguien en su edad madura (treinta y muchos a cincuenta y muchos) sentimos una desazón y un malestar que, no siendo comparable a la tragedia de una vida segada en la juventud, no podemos expresar claramente. En el fondo, si reflexionamos lo que subyace es el sentido último de nuestras vidas. Pensamos en esa persona y sus esfuerzos para abrirse camino en la vida y labrarse un bienestar. Pensamos en nosotros mismos y cómo nos sentiríamos un segundo antes de desaparecer; en el sinsentido de vivir una vida que le ha faltado un episodio trascendental; pararse en la atalaya de los días y poder mirar hacia atrás, simplemente poder mirar hacia atrás y nada más.
Llevo unos días mandando a incautos caminantes y conductores a destino incierto. He tenido la mala suerte de ser inquirido bajo la presunción de ser urbanita versado en calles y direcciones, pero mi vanidad y torpeza mental me ha impedido reconocer mi ignorancia. De forma temeraria he facilitado instrucciones inexistentes, haciendo perder un tiempo precioso a los forasteros afectados, amen de traicionar la reputación de otros urbanitas. Confieso que he pecado al mismo tiempo de soberbia y estupidez.
Citas, aforismos, sentencias y otros saberes inútiles
Conocerse a uno mismo está bien e incluso es saludable, pero este ejercicio no lleva, al contrario de lo que se suele pensar, a ampliar la "frontera" de posibilidades vitales. En efecto, más bien las restringe. A partir de cierta edad cambiar es prácticamente imposible y es mejor reconocer que uno sólo puede aspirar a "pulir" sus propias aristas. No merece pues la pena autofustigarse, porque el efecto positivo del autoconocimiento puede convertirse en amarga sensación de frustración y fracaso. No hacer daño innecesario a los demás, eso es lo importante.