lunes, abril 17, 2006
Diario de un urbanita
Cuando uno se va o viene de vacaciones, ya sea largas o cortas como esta semana santa- todas las conversaciones giran en torno a la mágica palabra "desconexión" (Voy a ver si desconecto un poco, ¿has desconectado?; me temo que no he desconectado bien), asumiendo que somos como máquinas que se enchufan y desenchufan de la gigantesca turbina del mundo del trabajo (¿nuestra civilización?).
¿Cómo sabe uno que ha desconectado? La desconexión se verifica cuando uno regresa a la oficina con una sonrisa perenne en el rostro, que sólo se borrará en el curso del día (o incluso de la misma mañana). Si uno tiene suerte puede sortear y diferir el zarpazo de la rutina hasta el día siguiente.
Cuando uno se va o viene de vacaciones, ya sea largas o cortas como esta semana santa- todas las conversaciones giran en torno a la mágica palabra "desconexión" (Voy a ver si desconecto un poco, ¿has desconectado?; me temo que no he desconectado bien), asumiendo que somos como máquinas que se enchufan y desenchufan de la gigantesca turbina del mundo del trabajo (¿nuestra civilización?).
¿Cómo sabe uno que ha desconectado? La desconexión se verifica cuando uno regresa a la oficina con una sonrisa perenne en el rostro, que sólo se borrará en el curso del día (o incluso de la misma mañana). Si uno tiene suerte puede sortear y diferir el zarpazo de la rutina hasta el día siguiente.