miércoles, marzo 26, 2008
A la larga no triunfan los más inteligentes, por supuesto tampoco los nobles de espíritu (en realidad, son los primeros que caen), sino los tenaces, los monotemáticos, los que lo han apostado todo a una sola carta: todo por su carrera (¡mágica palabra!), arrumbando cualquier distracción que se interponga en su camino (pareja, hijos, amigos, aficiones -si las tienen-). Llevo toda mi vida topándome con gente así (provengo de una generación numerosa y, por tanto, hipercompetitiva) y, sin embargo no puedo dejar de admirarme. Si yo sintiera esa fuerza y determinación, ¿de qué no sería capaz? Ay amigo, me temo que esa diferencia lo es todo allí abajo en la arena del circo.
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